En el número 127 de la Avenida del Mar lleva habiendo helado más de setenta años. Aquí empezó todo, y aquí seguimos: con las mismas recetas, el mismo mimo y el mismo nombre que lo empezó todo, el de nuestra abuela.
A ella la llamábamos la Mami. Fue la primera maestra heladera de la familia, y la que decía que un buen helado no se hace con prisa. Si a las doce de la noche faltaba el de chocolate, bajaba al obrador y lo hacía. Esa es la herencia que tenemos entre manos, y la que ponemos cada día en el mostrador.